El ego contra el padrenuestro
Decía Benjamín Prado que ver jugar a fútbol a Laudrup era como contemplar a Dios mientras reza el padrenuestro. Qué generosidad. Hace ya unos cuantos años que el madridismo no disfruta del halo interior de reposo y trascendencia que deja una oración. En la actualidad, el predicador preferido por los medios es un tipo holandés llamado Arjen Robben. Es un futbolista egoísta y no tan efectivo como reza su currículum: desde que llegó al Real Madrid ha protagonizado más noticias por sus lesiones que por sus buenas obras. De hecho, irrita a sus hermanos blancos con jugadas interminables e intrascendentes que su ego maquina y difumina entre las defensas torpes de los equipos prescindibles. Y en el Real Madrid no hay perdón.
El diario Marca, que en algún momento le llegó a comparar con Messi, ya le ha crucificado con una portada en la que anuncia que se le quiere vender. Es una decisión acertada porque se hará caja con él y, probablemente, se fiche a un futbolista cariñoso en el trato con sus compañeros delanteros. El Madrid necesita más dinamismo y, sobre todo, juego alegre en sus bandas. El rosario de quiebros del holandés es desesperante; más que driblar o superar a los adversarios, Robben los esquiva y estrella jugadas. De hecho, es difícil verle hacer un regate y deshacerse de dos o tres rivales. Lo fía todo a una velocidad que es directamente proporcional a su egoísmo. Por todo ello, no engancha con la parroquia blanca. Hay quien dice que es incompatible con Cristiano Ronaldo. Quizá sea incompatible con un club que necesita ser equipo para volver a triunfar.
Por Rubén Vinagre para elmiedoescenico.com









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